martes, 21 de octubre de 2008

Leyenda "La dama de Santa Lucia"


Silvia Reyes Arista, regiomontana, se mudó con su familia a San Antonio Tx. siendo aún una niña en la época en que Texas era todavía parte de México; ahí Silvia conoció a Ron Stevenson con quien entabló una intima relación, pero los conflictos separatistas texanos, allá por 1836 obligaron a la familia Reyes a regresar a sus raíces en Monterrey, dejando amistades y algunos familiares. Para Silvia, esta ciudad regia no le era tan ajena. Monterrey estaba situada en un fértil valle de grañidísimas y atractivas montañas, espectáculos naturales que redescubrió cuando llegó por segunda vez.
La estancia y el acomodo no fue difícil para la familia de Silvia en la capital de Nuevo León, su padre se incorporó a los negocios de su hermano, hospedándose en una casa de campo de hortalizas del mismo hermano, la cual estaba situada muy cerca del rió Santa Lucia.
En un abrir y cerrar de ojos pasó el tiempo. Corría el año de 1846 cuando se difundió la noticia sobre el reclutamiento militar, ya que la guerra se avecinaba. El gobernador envió un decreto a todos los varones de entre los 18 y los 50 años, incitándolos a defender el territorio nacional. Para Silvia habían pasado desapercibidos los hechos injustos y violentos que cometía el vecino del norte. Hasta ese momento, sólo los varones de la casa estaban enterados. El 28 de agosto se supo que los invasores habían llegado a Cerralvo, hacía apenas tres días.Con la invasión cerca, el padre habló con Silvia y su esposa sobre la decisión de que ellas tendrían que abandonar la ciudad por la guerra que se avecinaba, sentencia que no estuvieron dispuestas a tomar las valientes mujeres; argumentando que la familia tenía que estar unida en todos los momentos difíciles. A pesar de los presagios que trae consigo la guerra intentaron llevar una vida normal, la familia, junto con vecinos y la junta municipal, se dispusieron a preparar los festejos para el 250 aniversario de Monterrey. Aunque ellos como muchos más se quedaron en la ciudad, empezaron a notar que algunas amistades emigraban; la prensa no ayudaba a levantar el ánimo de la gente, por el contrario, promovía los abusos que los voluntarios civiles americanos cometían contra los paisanos invadidos de Matamoros Tamaulipas.
En la celebración del grito de independencia el 15 de Septiembre, en Monterrey renació el optimismo y la nacionalidad, la guerra se anhelaba como gloria y reivindicación. Silvia, una emigrante en su propia tierra por el hecho de haber vivido parte de su corta existencia en Texas, aún extrañaba al joven norteamericano que le declaró su amor.Los poblados de Cerralvo y China habían sido invadidos, el día 18 de septiembre Apodaca fue capturada e incendiada por los atacantes, por lo que ese mismo día las caballerías mexicanas se concentraron violentamente en Monterrey.
Desde la Ciudadela, el principal fuerte mexicano que dominaba el acceso por el norte, la artillería de grueso calibre comenzó a hacer fuego, anunciado claramente a la población la inminencia del conflicto. Los invasores sólo hicieron reconocimiento y se retiraron a San Nicolás.
Las familias que no habían emigrado, abandonaban sus hogares a tropel con el terror en sus semblantes; jóvenes sosteniendo ancianos y padres cargando a sus niños. La ubicación del fortín de Tenerías, quedaba a poca distancia de la casa de la familia Reyes. Silvia y su familia habían proporcionado ayuda a los soldados en la construcción de dicho reducto. Los hermanos y el padre de Silvia eran miembros del batallón de voluntarios civiles de Nuevo León, y estos apoyarían en la defensa al regimiento del general Mejía, responsable de ese fortín.
Las tropas del general Taylor estaban concentradas en las arboledas de Santo Domingo en San Nicolás, cuando el día 20 ocuparon Guadalupe sobre el camino real a Cadereyta y el camino a Saltillo… Monterrey estaba rodeado por el ejercito invasor.
Los días lluviosos de septiembre en Monterrey eran difíciles en el fortín de Tenerías. Después de que el general Ampudia lo había mandado desarmar con el ejército invasor rodeando la ciudad, los soldados habían hecho milagros para reconstruir el reducto, Silvia Reyes Arista y su familia prodigaba sus recursos en las obras de fortificación.
En la lluviosa mañana del día 21 se les dio mezcal a los soldados para reanimarlos de las fatigas de la reconstrucción de la noche anterior. Silvia, desobedeciendo las órdenes de su padre, regresó al fortín con agua y comida, aun que no era suficiente, fue muy agradecida por la tropa. El invasor empezó a preparar a sus soldados para iniciar el ataque a Tenerías, nuestros soldados estaban cansados, desvelados y apenas guarecidos por una trinchera inconclusa, un foso a medio cavar, una artillería de sólo cuatro cañones, situación que los gringos desconocían.La defensa de la Tenerías comenzó reñida, al grado que la mayor parte del Batallón de Maryland y el de los Voluntarios de Columbia abandonaron sus banderas y huyeron hasta ponerse fuera de tiro de nuestros soldados. Las cargas sobre cualquier punto los hacían más vulnerables, ya que sólo causaban más estragos a los norteamericanos y esto los obligaba a retirarse para refugiarse en las calles inmediatas.
Fue entonces que en la casa de Silvia irrumpieron varios soldados extranjeros; entre uno de ellos se encontraba Ron Stevenson, aquel amor, quien se convirtió en voluntario de la guerra, con la esperanza de volver a ver a Silvia. Ahí estaba frente a ella, entre el deber y el amor.El segundo ataque había terminado. En silencio, los compañeros de Ron trataban de conducirlo de regreso para ocupar sus posiciones. La tarde se acercaba y la batalla parecía no tener fin
- No te muevas de aquí, cuando todo termine regresaré - le dijo Ron a Silvia
Silvia lo vio partir como si su destino fuera la muerte, tomó provisiones y se dirigió a Tenerías. Su padre, sorprendido, la vio llegar repartiendo agua y pan.
La tropa mantuvo a raya al enemigo, la situación de los norteamericanos era difícil, sus lanceros desconcertados atravesaban parcelas, atacando a los suyos, matándose entre sí, huyendo el resto en la confusión hacia el grueso de la columna. De repente la tropa se quedo sin balas para seguir luchando, los oficiales no habían podido mandar a tiempo las municiones para continuar, fue en ese momento en que llegó en auxilio la caballería enviada desde el fortín de la Ciudadela, todos los mexicanos en el fortín de Tenerías celebraron el acontecimiento. Entre los gritos y algarabía Silvia reconoció entre los heridos a Ron. Y sin pensarlo corrió en su auxilio y al llegar entre los cuerpos heridos e inertes, se dio cuenta de que había compañeros y extranjeros heridos. En ese momento para ella no hubo diferencias, empezó a socorrerlos, limpiándoles y vendándoles las heridas, a todos por igual.
En la tercera y última embestida de los dos ejércitos en el fortín de Tenerías, Silvia escuchó su nombre a lo lejos, entre la confusión y el sonido de las balas se irguió por última vez, con el fuego cruzado de dos ejércitos término su joven vida, su ilusión y su noble labor.
La batalla de las Tenerías, comenzó a la 7 de la mañana y termino a las 12 de la noche. 17 horas de combate ininterrumpido, durante el cual los mexicanos lucharon ferozmente contra el poderoso ejército de Estados Unidos, cansados, sin balas y solo con el agua que caía del cielo. Si en el atardecer usted camina por el paseo Santa Lucia y cree ver a lo lejos a una dama con ropa vieja y ensangrentada cargando pan y agua, no es de extrañarse que sea un alma en pena en busca de su amor.Un amor de otro tiempo que se perdió, en la batalla de Tenerías.
Elisa Mtz la bruja de los cuentos.

1 comentario:

Pablo Ramos(Pedro de Ampudia) dijo...

Felicidades por esta bonita historia de la maid of monterrey,,tu relato es muy descriptivo,oye en septiembre celebraremos un aniversario mas,estas invitada, mi correo es prbgine@yahoo.com.mx yo publique un articulo de las heroinas de monterrey en 2005